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El alzheimer y la comunicación


 

Inevitablente la enfermedad de Alzheimer altera la capacidad comunicativa en las persona que la padece y es ecencial poder entender sus necesidades porque estas afectar a la calidad de la relación, lo que suele probocar un estrés emocional, en cuidadores y en las personas cuidadas.

Es por esto que vamos a hablar sobre la forma eficaz de comunicarse desde la comprensión de como la enfermedad afecta progresivamente al lenguaje.

En sus principios pueden aparecer problemas para encontrar las palabras adecuadas para expresarse, es la anomia.

Este problema va aumentando con el paso del tiempo, complicando la interacción con el cuidador.

Ejemplos que reflejan estas dificultades:

Circunloquios o rodeos. Al no encontrar en su mente la palabra exacta, la persona con Alzheimer puede intentar explicar su uso o las características del objeto. A veces interpretar lo que quiere decir puede resultar complicado. Por ejemplo, puede decir “eso para ver cosas y guardarlas para siempre” para referirse a una cámara de fotos.

Palabras comodín para sustituir el término que no recuerda, diciendo “el chisme”, “el trasto”, “la cosa esa”, etcétera.

Equivocarse con las palabras, produciendo lo que se conocen como parafasias. Pueden ser de tipo fonético, por su similitud en el sonido (por ejemplo, decir “cata” en lugar de “casa” o “paleta” en vez de “maleta”) o de tipo semántico, por guardar alguna relación de significado con la palabra que realmente se quiere decir (por ejemplo “perro” en vez de “gato”)

Palabras que no existen, llamadas neologismos (imaginemos, queriendo decir “comedor”, tal vez diga “furmonó”) En estos casos, aunque el contexto y la comunicación no verbal también pueden servir de ayuda para saber a qué se refiere, a veces no es posible determinarlo. En cualquier caso, el uso de neologismos es propio de fases más avanzadas de la enfermedad.

Otra de las consecuencias es la alteracion de la capacidad de organizar el pensamiento y de expresarlo de forma ordenada. La dificultad para concentrarse y la pérdida de fluidez al hablar hace que sea cada vez más desordenado sin conexcion, más vacío.

Para  ayudarle a expresarse, lo primero que hay que procurar es facilitarle  poder hacerlo. Siempre que podamos, debemos evitar preguntas con respuestas muy abiertas como “¿Qué te pasa?” o “¿Qué quieres?, porque no siempre tienen una respuesta fácil y exigen una habilidad para organizar las ideas, que la persona que sufre Alzheimer quizá ya no tenga. Es preferible optar por realizar preguntas concretas, que se puedan responder con un sí o un no. Por ejemplo: 

“¿Te encuentras bien?”

"¿Te duele algo?”

“¿Te apetece pasear?”

“¿Estás buscando algo?”

También puede resultar útil darle opciones de respuesta, sin que sean muchas, eso sí, porque probablemente, no podrá retenerlas. Hay que procurar que no sean más de dos a lo sumo, tres: “¿Te quieres poner la chaqueta corta o el abrigo?”. En este caso, si podemos mostrarle las prendas a la vez que le preguntamos, todavía se lo pondremos más fácil.

Al principio la persona con Alzheimer entiende y comprende lo que se le está diciendo. Pero a medida que avanza la enfermedad, aumenta el déficit de atención y concentración, y cada vez le cuesta más procesar la información recibida. Todo ello hace que vaya siendo más difícil que comprenda lo que le queremos transmitir.

Donde almacenamos los conocimientos generales, los conceptos y las  ideas también se irá alterando. Lo que se llama la memoria semantica. Esto hará que algunas palabras y conceptos pierdan para ellos, su significado.

Las frases muy largas, los discursos complejos o dar de golpe mucha información, son algunos factores que agravan el problema comunicativo. Para facilitar la comprensión los mensajes tienen que ser claros, breves y directos.

En vez de decir: “No te lo comas todo si no te apetece”, es preferible decir: “Come lo que te apetezca”.

En lugar de: “¿Qué te parece si aprovechando que no llueve salimos a dar un paseo?”, podemos decir: “¿Salimos a pasear?”.

Es mejor: “Si terminamos pronto de comer y tenemos ganas, luego veremos una película”, que decir: “Luego veremos una película”.

Un buen ejercicio es “imaginar” que la persona que padece Alzheimer habla un idioma distinto al nuestro, por lo que le cuesta entendernos. Potenciar la comunicación no verbal, aumentando el uso de gestos, expresiones de la cara, o modulando el volumen y el tono de la voz, también nos ayudará a facilitar la comprensión.

Cuando se quiere comunicar algo a una persona con Alzheimer es muy importante asegurarse de que está prestando atención. Para captarla, es de ayuda mantener el contacto visual y recurrir al contacto físico (cogerle la mano, hacerle una caricia…).

 

Contenido elaborado por ConFEAFA, con documentación extraída de distintos artículos de  entidades especializadas en esta materia y  relacionadas en el deterioro cognitivo:
Fundación Reina Sofía. Proyecto Alzheimer.
Fundación Pascual Maragall. Blog hablemos de Alzheimer.

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